Empresas familiares: el secreto para que triunfen

En el mes de enero viajé con mi madre a Madrid. Todos los años tiene que realizar su visita de control al equipo de oftalmólogos Martínez de Carneros. Fundada en sus inicios por el doctor Alfonso Martínez de Carneros, hoy trabaja codo a codo con sus hijos Alfonso y Paloma, también doctores. Aquella visita, no fue una más, al salir de allí una y otra vez resonaba la misma pregunta ¿Por qué trabajar en familia se ha convertido en un fracaso en algunos casos y en otros, tiene un éxito rotundo?

Nací en un pueblo de La Rioja, crecí entre barricas, viñas y sobre todo mucho trabajo. Mi abuelo era el que marcaba las directrices y mi padre escuchaba sus palabras con atención, grabando cada una de ellas a fuego en su memoria. Era una profesión dura, con destino incierto en muchas ocasiones a causa de la climatología y las plagas, pero ambos supieron salir adelante y convertir sus caldos en los más reconocidos en toda España. Cada uno sabía perfectamente cual era su papel en la empresa, y nunca jamás les escuche discutir por las decisiones tomadas. Naturalmente no siempre estaban de acuerdo, pero sabían encontrar el punto en común que los ponía de acuerdo.

Hoja
Hoja

Los años han pasado, mi abuelo ya no está entre nosotros y mi padre se acerca a la bodega, cuando el olor a vino y barrica pretenden esfumarse de su memoria. Mi hermana y yo continuamos con el negocio, afrontando la creciente competencia y los problemas que no cesan, con la misma ilusión y entusiasmo que en su día ellos hicieron. No siempre fue así. Los inicios fueron duros, al no acabar de encontrar los tres hermanos nuestro lugar en la bodega. El tiempo hizo que cada uno de nosotros encontráramos nuestro puesto y mi hermano decidió que su vida debía tener otra hoja de ruta. Hoy se dedica al turismo y podemos presumir de tener en él, al mejor embajador de nuestros caldos allá por donde va.

El tiempo, nos ha hecho reconocer con objetividad cuales fueron nuestros errores desde el principio. Errores que en muchos casos, avocan a muchos negocios familiares a la desaparición. Aquí dejo plasmados algunos de los consejos que en su día nos dio mi padre y que nos ha permitido a día de hoy seguir defendiendo el legado que él nos ha dejado:

Reglas claras: Debe existir, desde el primer momento, una serie de principios sobre el funcionamiento del negocio que todos deben acatar sin excepción. De esta forma se afrontarán los conflictos dejando a un lado los lazos personales, e impidiendo que estos limiten o condicionen la toma de decisiones.

Funciones delimitadas: Cada uno debe tener clara su labor y la de los demás. El reparto de trabajo y sobre todo de responsabilidades evita muchos conflictos innecesarios.

Asesoría de un tercero imparcial: La participación de un tercero ajeno a la familia en temas legales o incluso financieros, permitirá administrar los recursos de una forma más eficaz y eficiente. La asesoría legal en cuanto a toma de decisiones o el papel de nuestros herederos en el negocio, nos ayuda a prevenir problemas en el futuro.

En la empresa somos compañeros, en Navidad familia. Esta es quizás la premisa que más nos ha ayudado a mi hermana y a mi en los momentos complicados. Por malo que haya sido el día en la bodega, cuando colgamos la ropa de faena volvemos a ser los hijos de Samuel el de la bodega, y eso es algo que nos unirá de por vida.

Hoy fantaseamos con la idea de que nuestros hijos sean los que continúen con pasión y cariño el negocio de la familia. Es difícil, pero a la vista está que no es imposible. Esperemos que nuestro ejemplo, les sirva para seguir adelante con este proyecto tan duro, a la par que emocionante.